29 de marzo de 2008

En brazos de la mujer madura

Las grandes obras de la literatura se caracterizan porque, utilizando el código de las palabras, nos enseñan cosas de la vida, nos trasladan a un mundo forjado a marca de tinta que no tiene porque diferir del nuestro, es más, en la mayoría de los casos las grandes historias pertenecen a contextos más reales que irreales.

Hace unos días, tras mi regreso a España, termine de leer un libro que traía entre manos durante las ultimas semanas. Ese libro es “En brazos de la mujer madura”, de Stephen Vizinczey (Hungría, 1933). Me ha gustado tanto que me ha parecido de lógica compartir esta circunstancia con todos los que, de alguna manera, os pasáis por aquí.

El personaje principal, András Vajda, nos conduce por uno de los periodos más convulsos de la vieja Europa: la ocupación de Hungría por los alemanes, los rusos, la policía secreta… Como único refugio a tanto alzamiento de armas, e ideales de toda naturaleza, surge como refugio y dispensadora del néctar del olvido, la mujer madura. Está se convierte en el personaje secundario de esta historia, en la cual se suceden escenas de un joven que, moviéndose en este complicado ambiente bélico, se adentra a descubrir los secretos de la sexualidad encontrándose con frustraciones, errores ingenuos, humillaciones, alegrías y, como no, placeres, los que solo sabe dar la fruta madura.

Los libros son otro de los hilos conductores de esta historia, pues el joven András, y como ya hemos dicho, comienza su vida sexual a la par que se inicia en otro gran placer, la lectura. Ambos aspectos marcan su personalidad, siendo la degustación de varios autores clásicos la que lo incite a acudir a la universidad y posteriormente a viajar por Hungría, Italia, Canadá y Estados Unidos. Países todos ellos, donde va confirmando que prefiere el comportamiento de las mujeres con experiencia vital, pues como ya es sabido, la experiencia es un grado.
A nivel técnico se puede señalar que se trata de una novela en clave autobiográfica, con una frescura singular, escrita por una pluma ágil, de corte clásico y con una cadencia magníficamente trazada. Su lectura es simplemente deliciosa, sensual, evocadora.

Tras tanto agasajo comprenderéis que es de lógica prescribir la lectura de En brazos de la mujer madura, ya que adentrarse en las páginas de este libro es dejarse envolver por la fina ironía, la sutileza, el sexo y el seso. Su lectura, os advierto, enriquece, despierta sentimientos dormidos, y hace mirar de reojo tanto a nuestra adolescencia y despertar sexual, como a las mujeres maduras que a diario nos embriagan con su sola presencia.