22 de febrero de 2008

Cronicas de Haarlem

Todos los días a las 8,04. Todas las mañanas, todos los lluviosos días holandeses. Apostado en una columna de la estación de Sloterdijk es como esperaba el tren de cercanías. Siempre las mismas letanías por el sistema de megafonía, anunciando trenes y destinos en un gargareante idioma.

Contini se había convertido con el paso de los meses en un amsterdames más de los que poblaban la ciudad de los coffeshop.

A las 8,04 llegaba puntual cada mañana al anden 8a, un tren amarillo, de dos plantas y asientos confortables. El silencio reinaba en todos los vagones, como en toda Amsterdam cuya banda Sonora es el tintineo de las bicicletas, los había que, entre tanto silencio, hasta echaban un sueñecito en sus breves desplazamientos. Los trenes amarillos son los únicos que atraviesan el silencio y lo sorprenden con su chirriante sonido, como una espectral aparición.

Contini no duerme en el tren, se entretiene mirando por la ventana, observando como despierta la gente en sus casas desprovistas de cortinas, contemplando escenas cotidianas como tomar un café pegado a la ventana mientras pasan los trenes amarillos, es ahí cuando se cruzan las ausencias aunque solo sea un fotograma.

Siete meses dan para pensar, y Contini lo tiene claro, la sensación aciaga, la soledad buscada, el cielo gris… Todo conspiraba.

Poder ser bañado por la luz solar se había convertido en un deseado anhelo, en una espera que comenzaba a fatigar. El gris ceniza preñaba los días desde su recién estrenado momento, impedía como un muro infranqueable que el sol penetrara en la vida de Amsterdam con total impunidad.

Las palabras tristeza, soledad, hastío, comenzaban a formar claros conceptos en su mente, la misma que había llegado a aquella ciudad con la sana intención de disfrutar de el mismo, de rendir cuentas a su pasado, de quemar los últimos cartuchos.

El tren amarillo llega a su estación, Haarlem. Necesita un café urgente, el viaje parece haberle adormilado a él tambien. El día será intenso, tiene muchas cosas que hacer, ya no hay marcha atrás. La decisión esta tomada.

Continuara...

11 de febrero de 2008

Pequeñas Grandezas

Me siento privilegiado. Maravillado por las pequeñas grandezas que nos puede brindar la vida, y por como los elementos que nos hacen gravitar estan ahí, pese al aplastante dominio de la dispersión .
La amistad es un regalo que hay que mimar con esmero. La familia, un legado que uno ha de defender, amar, enardecer y sentir tan dentro como el propio latido del corazón. El amor, la persona amada, es la piedra angular del complicado mecanismo de la existencia, una piedra de tacto suave, dulce, anclada en lo más profundo.

Que grande puede ser la vida, no sin antes haberte puteado como corresponde, como cuesta darse cuenta de que todo puede ser perfecto, aunque solo sea por un instante. Un día te levantas, repasas los últimos días transcurridos y compruebas que todo esta en perfecto orden, y no solo eso, sino que tienes la sensación de avanzar directo a tu sueño, rodeado de todo aquello y aquellos que deseas tener en torno a ti.

Las secuencias nefastas que nos han precedido, los malos momentos, los desengaños, las decepciones, las perdidas de seres queridos... Todo necesario. Alto precio en algunos casos, pero un bagaje sin el cual jamás se puede crecer, avanzar, sentir que nuestro espíritu y personalidad se forjan como una espada a golpe de martillo en un yunque.

Todo ello nos lleva, nos empuja a despertarnos un día y sentirnos privilegiados, maravillados por las pequeñas grandezas de la vida.

5 de febrero de 2008

Deudas

Un deudor es aquel que debe algo a otra persona o institución, que a su vez se convierte en acreedor. Por esta definición, algo vaga, ¿cuántos de nosotros no estamos en deuda?. Y no me vengo a referir con estas deudas a las contraídas con el mundo de la banca o la baja usura, a la consabida vida del Ser hipotecado. Estas deudas tienen una línea perfectamente franqueable, por muy arduo que sea el camino hasta esa lejana mensualidad final.

Desgraciadamente existen otras deudas, las impagables, las que unos asumen y otros esquivan, pero a fin de cuentas en ambos casos, esas deudas (también llamado cargo de conciencia) se llevan en la ¨chepa¨ toda la vida.
Por ejemplo, decenas de "te quiero" silenciados a un padre o una madre que ya nunca podrán escuchar por dormir para siempre. Esa deuda no tiene plazo de vencimiento, es vitalicia, y rinde un interés muy alto.

Cada vez más parecemos vivir en una sociedad acostumbrada a deber, dicen los periódicos de economía que vivimos por encima de nuestras posibilidades, que el nivel de endeudamiento es cada vez más alto. Que la venidera crisis económica nos coja confesados, pues me temo que es una especie de Juicio Final donde deberemos asumir nuestras deudas. Todas ellas.