Me siento privilegiado. Maravillado por las pequeñas grandezas que nos puede brindar la vida, y por como los elementos que nos hacen gravitar estan ahí, pese al aplastante dominio de la dispersión .
La amistad es un regalo que hay que mimar con esmero. La familia, un legado que uno ha de defender, amar, enardecer y sentir tan dentro como el propio latido del corazón. El amor, la persona amada, es la piedra angular del complicado mecanismo de la existencia, una piedra de tacto suave, dulce, anclada en lo más profundo.
Que grande puede ser la vida, no sin antes haberte puteado como corresponde, como cuesta darse cuenta de que todo puede ser perfecto, aunque solo sea por un instante. Un día te levantas, repasas los últimos días transcurridos y compruebas que todo esta en perfecto orden, y no solo eso, sino que tienes la sensación de avanzar directo a tu sueño, rodeado de todo aquello y aquellos que deseas tener en torno a ti.
Las secuencias nefastas que nos han precedido, los malos momentos, los desengaños, las decepciones, las perdidas de seres queridos... Todo necesario. Alto precio en algunos casos, pero un bagaje sin el cual jamás se puede crecer, avanzar, sentir que nuestro espíritu y personalidad se forjan como una espada a golpe de martillo en un yunque.
Todo ello nos lleva, nos empuja a despertarnos un día y sentirnos privilegiados, maravillados por las pequeñas grandezas de la vida.
11 de febrero de 2008
Pequeñas Grandezas
Etiquetas: Reflexiónes
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentarios:
Todo lo bueno llega cuando menos lo esperas, siempre.
Todos hemos pasado por las mismas fases, las mismas decepciones y los mismos desengaños. Pero al final todo pasa y se convierte en experiencia. En el mejor de los casos, se convierte en cariño.
Publicar un comentario en la entrada