9 de julio de 2007

Haciendo Cola

Esta es una sociedad de esperas, de interminables y serpenteantes colas, de tener que aguardar como una estatua de sal que llegue nuestro turno.
Facturar equipajes en aeropuertos, sacar entradas de espectáculos, para pagar impuestos, en el supermercado...

Las colas tienen sus leyes, un código deontológico que inconscientemente es aceptado por todo el que la forma. Cuando algún individuo ajeno a la misma pretende infiltrarse en un puesto que no le corresponde se ponen en marcha los resortes que bloquean la amenaza y, normalmente, se dan por aludidos y retroceden.

No obstante, existen colectivos con cierta inmunidad: las personas mayores. Se saben poseedoras de este privilegio y nunca dudan de hacer uso de el. Quién no se ha tropezado en la carnicería con esa mujer de gesto semi encorvado, que sin titubear ni preguntar hace su petición al carnicero mientras nos quedamos con cara de haber sido atropellados. Luego te lanzan una cándida mirada, y ahí queda todo.

La vida siempre es esperar, hacer cola, aguardar nuestro momento. Casi siempre nos llega, solo hay que esperar, tener paciencia. En fin, voy terminando, la fila avanza, llega mi turno.