
Lo mio es un trabajo duro creanme, lo mismo estoy oliendo el sobaco de mi jefe que rozándome con la cadera de algún maloliente gordiflón.
En mi profesión, la única que he conocido desde mi creación, no tenemos sindicato. Pocos derechos nos amparan, solo nos queda el consuelo de acabar trabajando para alguien que ame nuestras formas, que adore nuestro atrevido cometido, aunque siempre suele estar en entredicho la salud mental de los que nos adulan.
Para colmo, nuestra función, lo único que sabemos hacer, esta mal visto. Nuestros antepasados gozaban de otro cache, fuimos los reyes, sobre todo en la vieja América, aquella de Billy El Niño. Yo no quito razón a aquellos que ahora piden nuestro eterno silencio, pero algo hay que decir, no podemos dejarnos avasallar.
Hoy me reivindico, me hago oír más allá del silbido de mi cañon. Soy la pistola de un gánster.
En mi profesión, la única que he conocido desde mi creación, no tenemos sindicato. Pocos derechos nos amparan, solo nos queda el consuelo de acabar trabajando para alguien que ame nuestras formas, que adore nuestro atrevido cometido, aunque siempre suele estar en entredicho la salud mental de los que nos adulan.
Para colmo, nuestra función, lo único que sabemos hacer, esta mal visto. Nuestros antepasados gozaban de otro cache, fuimos los reyes, sobre todo en la vieja América, aquella de Billy El Niño. Yo no quito razón a aquellos que ahora piden nuestro eterno silencio, pero algo hay que decir, no podemos dejarnos avasallar.
Hoy me reivindico, me hago oír más allá del silbido de mi cañon. Soy la pistola de un gánster.

